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Lenguaje de la Música Juan Bautista Plaza XXX Todo el mundo sabe lo que es un concierto. Un concierto, se nos dirá, es un acto musical, un acto durante el cual se ejecutan piezas musicales de diferentes estilos. Pero lo que muchos ignoran es que la palabra concierto designa, lo mismo que la palabra sonata o sinfonía, un género especial de composición. Lo que caracteriza el concierto es que en esta forma musical intervienen siempre uno o varios ejecutantes solistas, llamados propiamente concertistas, acompañados por un conjunto orquestal. Cuando el solista o los solistas son, por ejemplo, uno o dos violines, se dice entonces que es un concierto para uno o dos violines, pero si el número de solistas sobrepasa este número, el concierto se denomina, en este caso, concerto grosso, denominación italiana que no admite traducción corrientemente. Si en esta misma forma de composición el solista no es acompañado por la orquesta, sino por el piano, entonces la obra no se denomina concierto sino sonata; sonata, por ejemplo, para violín y piano, o para violoncelo y piano, etc. Todo concierto consta generalmente de tres partes: un allegro inicial, un adagio central y un final de movimiento más o menos vivo. Esta división la hallamos establecida desde los orígenes de este género, los cuales se remontan al siglo XVII en Italia. Hasta mediados del siglo XVIII, el concierto grosso fue el más cultivado por los compositores, principalmente por el genial Arcangelo Corelli, fundador de la escuela romana del violín, y por Antonio Vivaldi, a quien sus contemporáneos llamaban il prete rosso, el cura rojo, por el especial color de fuego que tenían sus cabellos. De este último compositor podemos escuchar su Concerto grosso en Re menor, uno de los más hermosos que escribió. Se notará el interesante contraste que sabe obtener Vivaldi de la contraposición de la masa de la orquesta con el grupo de solistas que forman lo que se llama el piccolo o concertino. Este concierto es exclusivamente para orquesta de arcos.
Ejemplo musical: Con Johann Sebastian Bach el concierto para un instrumento solista y orquesta, adquiere espléndido desarrollo. Su Concierto para violín en Mi mayor está considerado como una de las obras maestras del género. Oigamos el primer movimiento allegro, cuyo tema inicial, de expresión muy enérgica, es expuesto por la orquesta. Entra luego el solista, alternando constantemente en forma dialogada con la orquesta.
Ejemplo musical: Profundamente expresivo, de expresión muy noble y sostenida, es el adagio o segundo movimiento. Es uno de esos típicos adagios de Bach, en los cuales el místico cantor de Leipzig parece entregado a la más honda meditación. Después del ritmo viril y afirmativo del primer movimiento, esta música íntima, de ritmo pausado, que nos ofrece el adagio, cambia por completo nuestro estado de ánimo, produciendo así un efecto maravilloso.
Ejemplo musical:
Ejemplo musical: El Concierto para fagote y orquesta en Si bemol, de Mozart, es una composición bastante rara, en el sentido de que el fagote no es instrumento que suele figurar como solista en los conciertos. El piano y el violín son los instrumentos que han monopolizado casi toda la producción de esta índole. El repertorio de conciertos para estos dos instrumentos es muy extenso, y puede decirse que aumenta cada día. No cabe duda de que el honor que a tales instrumentos se les hace, es un honor muy merecido, ya que tanto el piano como el violín y debiéramos agregar el violoncelo disponen de recursos expresivos mucho más variados e intensos que el resto de los instrumentos musicales inventados por el hombre. Además, cuando, frente a una masa orquestal, desempeñan el piano o el violín la función de solistas, notamos en seguida cómo logran éstos destacarse potentemente y lo bien que se funden sus sonoridades en el conjunto. Ahora bien, ello no quiere decir que un concierto para otro instrumento que no sea piano o violín, carezca de interés o de belleza. Numerosos ejemplos prueban lo contrario, y tal es, precisamente, el caso del Concierto para fagote, de Mozart. No hay instrumento que no tenga su personalidad. Descubrir el carácter propio de cada instrumento, estudiarlo bien para luego sacarle partido artístico a esa su inconfundible personalidad, es la primera virtud que debe poseer todo compositor que se dedique a escribir música instrumental. El grado de maestría que han logrado en este sentido los compositores modernos es uno de los mayores atractivos que ofrece la música de estos últimos tiempos. Por lo que se refiere al fagote, puede decirse que ya desde el siglo XVIII, algunos compositores habían descubierto las distintas características de este curioso instrumento de viento, hasta el punto de que Mozart no tuvo reparo en considerarlo digno de figurar como solista en un concierto. Muchas veces se ha dicho que el fagote es el payaso de la orquesta. Y es cierto que ningún otro instrumento se presta con tanta gracia para expresar todo aquello que sea de carácter grotesco o humorístico. Pero también es verdad que no es esa su única especialidad, pues muy a menudo los compositores se valen del timbre un tanto elegíaco del fagote, para expresar sentimientos de nostalgia, de resignación, de doloroso abandono. En el citado concierto de Mozart podrá apreciarse maravillosamente lo bien que ha sabido el compositor poner de relieve todas esas características, todas esas posibilidades expresivas, así como la gran variedad de matices sonoros que ofrece el fagote. Dicho concierto, compuesto en Salzburgo en el año 1774, consta de tres partes o movimientos. El primero de ellos es un allegro. Como es de rigor en casi todos los conciertos de tipo clásico, la orquesta sola comienza exponiendo los temas fundamentales que han de servir para la elaboración de toda esa primera parte. Terminada dicha exposición, hace su entrada el fagote, en calidad de solista. La orquesta entonces se limita por el momento a acompañarlo. Se diría que todos los instrumentos desean conocer lo que este extraño personaje ha venido a contarles. Semejante actitud, que pudiéramos decir pasiva, de la orquesta, no dura mucho, sin embargo; pronto se establece un interesante diálogo y así, unas veces oyendo y otras conversando, comentando y hasta discutiendo, llega el momento crítico para el solista, el pasaje que los músicos denominan la cadencia. Todos los instrumentos resuelven callarse a fin de que el solista, ese presuntuoso instrumento que ha venido a imponer su voluntad, haga como un resumen de toda su argumentación. Naturalmente, siempre triunfa este buen señor. La orquesta aprueba tan brillante peroración y todo concluye así de la manera más satisfactoria y cordial.
Ejemplo musical:
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Las fuentes de las diferentes citas que aparecen en este trabajo no están indicadas en los originales.
Al utilizar parte de este material se agradece citar la siguiente fuente: Plaza, Juan Bautista: Escritos Completos. Compilador y editor Felipe Sangiorgi. CDROM. Fundación Juan Bautista Plaza, Caracas, 2004 |
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